Aquí andamos este verano preparando novedades para las conferencias que tiene nuestra provocadora y nos ponemos a pensar en la cantidad de veces que nos aferramos a algo y lo llevamos a cabo como una necesidad extrema, sin detenernos a pensar si esa necesidad es de la persona a la que realmente vamos a “ayudar” o nuestra.
Vamos, que nosotras, con ese don de organizadoras y cuidadoras que tenemos por arte del Espíritu Santo y de la madre que nos parió, nos empeñamos en que eso es lo que la otra persona quiere sí o sí.
Cómo identificamos necesidades propias proyectadas en los demás
Por ejemplo, la escena típica:
La madre recoge a su peque de la guardería y lo primero que le dice: ponte el chaquetón, niño, que estás helado.
Y él contesta: no, mamá, no tengo nada de frío.
No obstante, la madre (tú, yo, ella…) insiste: póntelo inmediatamente o te enteras.
Será que no hemos visto a bebés sudando en el carrito porque las madres son frioleras…
Cuando cuidar se convierte en control: el caso de Lola y su nieta
Pues eso nos pasa constantemente.
Y aquí va la gloriosa anécdota de una de nuestras Creídas, que se ha quedado patitiesa cuando hemos analizado su necesidad.
Nuestra Creída Lola casa este año a su hija (lo queremos poner así, porque es flipante esta expresión que utilizamos de casar a nuestras hijas, como si las madres fuésemos el cura).
Bueno, pues Lola, además de su vestido, bolso, zapatos y tocado, se está ocupando de lo que va a llevar la nieta, la hija de la que se casa (tampoco es importante este detalle, pero sé que alguna os vais a preguntar de dónde sale esa niña).
¡Ay, por favor!, el tiempo que está invirtiendo Lola en esta aventura es infinito y, encima, está medio enfadada con la nieta porque claro, ella, de ocho añitos, no entiende que tiene que dejar de jugar con su amiga para ir cinco veces a una tienda y probarse un vestido (eso, después de haber visitado como en una procesión, unas pocas de tiendas antes).
A ella ya le da exactamente igual cómo ir, aunque su abuela ha decidido que tiene que ir de una manera determinada, vamos, como si fuera la hija de la reina de Bulgaria.
Cómo diferenciar si ayudas por amor o por necesidad personal
Y hablando sobre esto, nos preguntamos por la cantidad de acciones que hacemos pensando que son lo que las personas quieren, cuando realmente, es lo que nosotras queremos.
Es decir, nos engañamos convenciéndonos de que la otra persona necesita nuestros cuidados, que necesita que le compremos la ropa, que necesita miles de cosas que si no las hiciéramos o, las hiciéramos mucho más sencillas, se sentiría igual de atendida y, quizás, más libre.
Ejercicio de autoobservación para dejar de proyectar nuestras necesidades
Bueno, pues esos son nuestros deberes para esta semana, que para eso nos curramos este mail, para trabajar en nosotras.
Vamos a pensar en qué situaciones invertimos más tiempo de la cuenta y, sobre todo, si la otra persona nos ha pedido que lo hagamos o lo hemos decidido nosotras así.
Te abrazamos, Creída, y te esperamos en comentarios, que compartir-te es amor y bondad.
Y no te pierdas ningún mail que vienen ¡sorpresas muy TOP!,
¿Lista para arrasar? Aquí estamos, preparadas para acompañarte:
Yolanda (la Provocadora)
y el equipazo de El Club de las Creídas: Isabel, Elena, Chus, Fernando y Vicente 💋
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